• Cronicas porcinas

“BOYS DONT CRY” (o solo que no pueden)

* por Lucas Manjon

El Campus de la Nive, recientemente incorporado a la famosa y prestigiosa Universidad de Pau, estaba totalmente alborotado. Medios periodísticos de distintos lugares del mundo, científicos, psicólogos, antropólogos, sociólogos y casi todas las profesiones que terminan en ologo, estudiantes y curiosos intentaban ingresar al aula magna. La seguridad era muy estricta, oficiales estaban distribuidos alrededor del edificio según la longitud del brazo de cada uno; la orden había sido que como distancia máxima entre uno y otro debían poder tocarse los dedos.


-Jean Claude el hermetismo en la Universidad es total, ninguno de los científicos autorizados a interrogar al sujeto dio declaraciones desde hace más de diez días y se recluyeron en la universidad desde que se decidió que esta sea la sede para realizar el análisis y el diagnostico. –profesaba no noticias una joven de cintura pequeña en traje ejecutivo con un micrófono en la mano.


Era un operativo de seguridad pocas veces visto desde que el mundo tomo conocimiento de la noticia, el sujeto uruguayo, más específicamente de Colonia, había arribado a Paris en el vuelo 1103 de Air France y luego en una aeronave militar francesa hasta la ciudad de Pau. Arribado en la universidad le hicieron todos los chequeos básicos, como a cualquier paciente en un hospital y posteriormente una batería de oftalmólogos pusieron en práctica todos los estudios necesarios para poder llegar a una conclusión científica. Después de horas y horas de café, estudios, cigarrillos, más cafés y más cigarrillos, no pudieron encontrar una sola anomalía patológica en la glándula lagrimal, al final de la hoja se resaltaba el NO CONCLUYENTE y las posteriores firmas de los oftalmólogos. El día anterior a la audiencia en la cual se debía llegar a la conclusión sobre la situación del vendedor ambulante uruguayo este fue sometido a ver videos durante más de 18 horas. Uno tras otro los videos pasaban, desde imágenes de Auswitch, animales torturados, despedidas en aeropuertos y escenas de películas famosas con fallidos romances, no logran generar una manifestación física contundente en el sujeto, resumía el último informe.

El aula magna del Campus de la Nive tenía capacidad para 523 personas sentadas, de esos asientos solo estaban ocupados los cincos de la primera fila al medio. Se encontraba el jefe de oftalmología de la Universidad de Boston Massachusetts, un médico clínico de Paris, un psicólogo de la ciudad alamana de Zúrich, un psiquiatra de Praga y el mentalista de Bayonne.

- Usted sabe porque esta acá ¿no? –pregunto el médico francés.


- Porque no lloro –respondió el uruguayo, sentado sobre un anfiteatro solo en la inmensidad, vestido con alpargatas viejas, bombachas de gaucho color verde oliva y una camisa blanca con diminutas rayas celestes.


-No hemos encontrado ninguna anomalía física en general ni en su glándula lagrimal -informo el oftalmólogo de la junta, tomando la carpeta de análisis que habían confeccionado.


-Ya lo sé, estoy perfecto de salud –respondió, con la espalda erguida sobre el respaldo de la silla y las manos en la rodilla.


-¿Y qué explicación nos puede dar usted de porque no llora desde hace más de diez años? –incurrió impaciente el psiquiatra.

-Si ustedes están dispuestos a entender yo les puedo dar mi teoría, pero sepan que no es totalmente científica –la espalda erguida desapareció para recaer todo el peso del tronco sobre los brazos y las rodillas.


-Lo escuchamos –respondió el médico y todos al alucino se acomodaron en sus asientos.


- Mi sistema límbico está contaminado, en exceso –respondió muy suelto de palabra, como alguien que confía totalmente en lo que sale de su boca- ¿No hace falta que yo les explique a ustedes la función que tiene el sistema? –pregunto incrédulo el sujeto de análisis- Por las dudas se los voy a explicar, no soy universitario pero hace diez años que estudio mi padecimiento. El sistema límbico está formado por varias estructuras del cerebro que manejan las respuestas del cuerpo ante cualquier emoción que aparezca. Si ustedes se alegran o sienten placer, el sistema límbico seguramente hará que ustedes se rían, si usted se ponen tristes seguramente ustedes se pondrán a llorar o se les podrá notar que están mal, en mi caso todo ese sistema está contaminado.


Los cuatro profesionales comenzaron a mirarse entre sí y a intentar encontrar una mejor posición en la silla, el mentalista no le sacaba la vista de encima y le pregunto.


- ¿Qué lo contamino a usted?


- Ya sabía que aceptarlo en la junta iba a traer problemas –afirmo ofuscado el medico parisino– no hay contaminación de ningún tipo en el sistema límbico, son sectores del cerebro, no pueden contaminarse.


- Usted se equivoca doctor, les dije que esto no iba a ser netamente científico, van a tener que soportar que los obligue a indagar en otros aspectos. Desde que nacemos estamos destinados a recibir alegrías y dolores, en algunos casos la proporción no es muy justa, no hay una predeterminación sobre cuánto de uno y cuanto de otro estamos destinados a recibir. En mi caso fue 20 – 80. Eso produjo una saturación, por lo tanto se inhibió totalmente el reflejo de llorar que tiene mi sistema límbico.


Sucede que hay un error muy grande en los escritores y en los filósofos con respecto a las emociones. Generalmente los gustosos de las letras piensan y escriben que las emociones te devoran como el fuego. Alguna vez tuvieron que leer en cuentos o novelas que terminan poniendo que el amor, la ira, la tristeza o la alegría devoran como un fuego internamente a cualquiera de los personajes de esos cuentos; que se les producen incendios laberinticos en el cuerpo, sepan ustedes que eso, en un punto es una gran mentira fabricada por los “rosistas” de la literatura.


Los miembros de la junta, con excepción del mentalista que miraba con admiración pero con poco entendimiento al paisano uruguayo, no dejaron de moverse en las sillas e intentar encontrar un sentido de comodidad que les permita digerir las explicaciones no científicas del “paciente”.


-El amor, la alegría, la felicidad en general si se pueden expresar como incendios que devoran el cuerpo de una manera repentina y avasallante. El amor en muy pocos casos se puede ser compatible con el dolor. Fíjense ustedes que el dolor no se parece en nada al incendio de esos sentimientos que les dije. El dolor es más bien un cacho de brazas que nunca se apagan. El dolor son las brasas y el cuerpo un radiador. El radiador mantiene las brasas encendidas siempre y cuando uno lo abre o le da aire, esas brazas se encienden un poco más. Con el cuerpo pasa lo mismo señores. La alegría te consume como un incendio y te consume en instantes; el dolor no. El dolor son brazas que si quiere las ponemos en el estómago y nunca se apagan, empiezan a quemar y siempre se van a mantener quemando y el cuerpo siempre las va a sentir, el brasero siempre va a estar caliente, siempre va a arder y cuando uno le da aire a ese dolor, que podríamos decir que uno saca el dolor a jugar con la memoria se reaviva ese fuego y quema un poco más.

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