• Cronicas porcinas

Mercantilizar las adicciones

* por Lucas Manjon

Es siempre necesario e interesante debatir sobre los fenómenos sociales que se desarrollan en cada tiempo histórico y en cada sociedad, pero cuando uno de esos fenómenos es tan global y con tantos siglos de persistencia histórica, el debate se vuelve mucho más interesante pero también difícil y enraizado.

Prefiero, por el momento, referirme a comercio de drogas y no a narcotráfico ya que este último solo refiere a un muy pequeño marco temporal de los últimos cincuenta años y el consumo/comercio de drogas -hoy ilegalizadas- tiene una antigüedad de por lo menos 7.000 años de historia. Escribo con la convicción de que el Estado no puede delegar ciertas responsabilidades asumidas desde hace siglos y que la burocracia que lo compone debe comprender que el consumo y comercio de sustancias psicoactivas no se produce en un tiempo indeterminado ni en un espacio abstracto, vacío de la más amplia y variada realidad socioeconómica en dicho análisis.

El comercio de drogas comenzó a convertirse en el fenómeno transnacional que es hoy el narcotráfico a mediados de los años sesenta. Una segunda fase que se desarrollo desde los años ochenta, contó con el aumento cuantitativo y cualitativo de diseños exclusivamente químicos que hizo suponer el desplazamiento de la cúspide consumista a la cocaína pero solo logró diversificar el consumo y ampliar los márgenes de ganancia. Actualmente, nos encontramos en una tercera y nueva fase de expansión del narcotráfico con sustancias novedosas como el fentanilo, el cual consigue ampliar el margen de ganancias de todo tipo de droga en un diez mil por ciento, y por el incremento desmedido en la prescripción de drogas opiáceas de circulación ilegal que terminan circulando en el mercado ilegal.


LA TRANSNACIONALIZACIÓN DEL COMERCIO DE DROGAS La primera fase de transformación del comercio de drogas (1960-1980) hacia el narcotráfico se dio en los tiempos en que el Estado de Bienestar comenzó a ser desmantelado. El espacio vacío de aquella retracción forzada también arrastró al capital industrial y en su lugar se ubicó el por entonces naciente "capital financiero desmedido" que se internacionalizó, beneficiado por el levantamiento de las medidas de control establecidas en 1994 en el marco con los Acuerdos de Bretton Woods. La apertura irrestricta de los mercados para los nuevos bienes que comenzaron a mercantilizarse, abarcó a los servicios de salud, educación y seguridad, la depresión, la euforia, la diversión y la angustia.


Hicieron su aparición en masa las organizaciones no gubernamentales. Muchas de ellas consiguieron imponer la lógica de que el Estado resultaba ser ineficiente y que las empresas, o ellas mismas, podrían reemplazarlo en sus funciones. Los avances tecnológicos abrieron el mercado a la sangre humana, los adelantos farmacológicos se convirtieron en una solución rápida y eficiente para tratar problemas de depresión y dispersión. Las personas con mayores ingresos económicos, preocupados por su seguridad física y la de sus bienes, comenzaron a contratar ejércitos privados conformados por exmiembros de las fuerzas de seguridad, despedidos por corruptos o incompetentes, para la custodia personal. Las escuelas privadas y las clínicas de salud se transformaron en un privilegio de sectores económicamente más acomodados y en un permanente esfuerzo para la clase trabajadora que sintió la caída en el nivel educativo y sanitario de las instituciones del ámbito público.


Ya desde aquellos años, la droga de mayor consumo a nivel mundial era la marihuana que, al igual que la heroína, llegaron hasta los Estados Unidos desde México y el Sudeste Asiático, respectivamente. Para el caso de Europa, ambas provinieron desde el Medio Oriente y el Sudeste Asiático, pero desde esta última región en mucha menor cantidad. El uso de opiáceos ya eran de vieja data en países Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Francia. Se alcanzaron picos de consumo luego de conflictos bélicos en las que se vieron involucrados los ejércitos de aquellos países.


La cocaína fue prohibida definitivamente en su libre comercialización después de terminada la Segunda Guerra Mundial y cuando los Estados Unidos lograron imponer su ya gerontocrática política prohibicionista.


Al comienzo de esta fase -durante los años sesenta-, "el oro blanco andino” -como se la denominó a la cocaína- fue consumida en un restringido sector de la farándula y el empresariado norteamericano. Su consumo indicaba un status de pertenencia y diferenciación frente a los afroamericanos y latinos pobres “enganchados” con la heroína.

Quienes facilitaron económicamente la posibilidad de masificar el consumo de cocaína fueron los narcotraficantes colombianos que implementaron un científico y fordista sistema de producción de cocaína que permitió abaratar los costos y bajar los precios.


La segunda fase se desarrolló entre los años 1980 y el 2000, por y con un mundo unificado bajo la égida del capitalismo, donde el pensamiento occidental postuló que el progreso ya no encontraría obstáculo para su reproducción infinita.


El comunismo cayó en enormes bloques de cemento en 1989, la cortina de hierro se levantó y las mercaderías del avanzado sistema de producción capitalista inundaron el planeta. Las familias felices en las publicidades de Coca Cola; los autos de Ford que no solo sirvieron para transportarnos sino también para aumentar en los hombres la sensación de virilidad; los locales de Mc Donald's que, además de alimentarnos, fueron centros de reunión y diversión para las familias; las superproducciones de Hollywood como “Volver al Futuro”, que adelantaron los avances tecnológicos que estaban por llegar; los medicamentos como el Ritalin que pensó hacer de los chicos unas máquinas de aprender; y hasta las zapatillas para volar de Michael Jordan que fabricaron y siguen fabricando niños desde los seis años en los países más pobres del Sudeste Asiático y Centroamérica.

Todos ellos fueron recepcionados unilateralmente y en cantidades siderales por todos los seres humanos del planeta. Como un perro que persigue incansablemente su cola, el progreso se convirtió en deseo: el deseo en consumo y el progreso debió satisfacer el deseo que el mismo generó y se esparció como un virus.

Para ese entonces la cocaína se estableció como la droga de mayor de demanda y valor agregado del momento. El tráfico desde la región andina hacia los principales puertos del mundo abrió rutas externas e internas en todo el planeta. La alta demanda produjo una sobre oferta y una diversificación en el mercado de la cocaína. Los traficantes renovaron los métodos de producción y consiguieron fabricar “crack de cocaína”, un derivado que cambió las medidas de venta, que aumentó el nivel de dependencia en los consumidores y el de ganancias para los traficantes que se convirtieron también en productores.


Los desarrollos químicos y tecnológicos también renovaron la “industria” de las drogas sintéticas. Durante los últimos años del siglo XX, la producción y el consumo de las llamadas drogas de diseño como el éxtasis y las metanfetaminas creció exponencialmente al desconcentrarse los métodos de producción lo cual generó la primera crisis sobre la fiabilidad de la doctrina de países productores y países consumidores; las pastillas se comenzaron a producir en los mismos países en que las consumieron.


LAS DROGAS AL RESCATE DEL SISTEMA FINANCIERO MUNDIAL La tercera fase en el permanente proceso de transformación del comercio de drogas hacía el narcotráfico (2000 - actualidad), se encuentra nuevamente determinado por un mundo unipolar pero ya no por la supremacía militar y económica de los Estados Unidos, sino por la de las grandes entidades financieras. El proceso que desencadenó Richard Nixon cuando en 1972 - 1973 rompió con los Acuerdo de Bretton Woods, comenzó a mostrar sus primeras consecuencias inmediatamente en 1974, cuando los estados agrupados en la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo (OPEP) decidieron no vender el combustible a los países europeos y a los Estados Unidos por haber apoyado a Israel durante la guerra Yom Kipur.


Luego en lo que resultó ser una jugada maestra de economía y diplomacia, se restableció el flujo de petróleo pero hacia aquellos países pero a valores que llegaron a quintuplicar el precio de venta antes de la guerra. Desde la ruptura de los acuerdos, las crisis financieras mundiales -que antes de ello tuvieron una periodicidad regular de entre veinte y treinta años: “El pánico de 1901” que llevó a la primera quiebra de la bolsa de valores de New York y “La Gran Depresión de 1929” que produjo un estado de recesión mundial casi hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial- comenzaron a sucederse cada diez o quince años y con consecuencias cada vez más graves: “La crisis del petróleo de 1979”, “La crisis de pago de 1982”, “El Lunes Negro de 1987”, “El efecto tequila de 1994”, “La crisis asiática de 1997”, “La crisis del rublo de 1998” y “La crisis de las puntocom en el 2000” azotaron a la la clase trabajadora. La relativa estabilidad que el mundo encontró en los aspectos económicos después de la Segunda Guerra Mundial se comenzó a destruir y el sueño de la casa, el auto y una vida estable luego del retiro jubilatorio se reemplazó por la satisfacción inmediata de los deseos a más corto plazo.


Uno de los mejores exponentes a nivel psicológico y sociológico de la transformación del hombre durante estas tres fases es el doctor Enrique Rojas quien lo expuso todo en su libro “El hombre light”. Allí Rojas describe al hombre pos moderno como un ser sin esencia que se rige por cinco cuestiones básicas como ser la permisividad, el relativismo, el consumismo, el materialismo y el hedonismo. “El hombre light” que identifica el doctor argentino solo se encuentra interesado en vivir el instante mismo, donde la realidad y el progreso solo sirve para satisfacer los deseos. Lo que antes eran mercaderías en serie para ser consumidas por el hombre, ahora los seres humanos son mercaderías en serie para los cuales se surten de experiencias. El "te da alas” de una conocida bebida energizante es un ejemplo perfecto.


La primera crisis financiera del siglo XXI generó que millones de personas perdieran su empleo, unos cuantos millones más perdieron su hogar y unos cientos aumentaron exponencialmente sus ganancias. Producto de una mega estafa realizada por los grandes bancos en base al sueño añejo de la clase trabajadora en conseguir una casa propia, los impuestos de los contribuyentes del mismo estrato social, terminaron por poner de rodillas a la última economía que hasta aquel entonces se había mantenido en pie y con las cualidades necesarias para hacerle frente a las instituciones financieras.


Los autoridades políticas de los Estados Unidos decidieron con el dinero de los contribuyentes “rescatar” a las entidades financieras que, en definitiva, habían estafado a los ciudadanos y al propio Estado. La medida que adoptaron los norteamericanos fue también implementada por sus pares de la Comunidad Económica Europea con Alemania a la cabeza, que decidieron arrojar un salvavidas a los bancos europeos, todos ellos involucrados en la estafa y solo miraron desde la orilla como las economías de Grecia y Portugal se hundían en la recesión y el desempleo. Los bancos pusieron de rodillas a Estados Unidos y a la CEE obligándolos a entregarles dinero a cambio de no intensificar la crisis.


Durante los primeros años del siglo XXI, el comercio de cocaína se mantuvo relativamente estable pero con indicios sobre un un futuro y real aumento que sucedió en pocos años. El consumo de opiáceos también creció desde que la oferta aumentó tras la invasión norteamericana a Afganistán. En ese momento, comenzaron a enviarse cada vez más grandes cantidades de heroína hacia Europa. Durante esta fase fue particularmente importante el rol que ocuparon los carteles mexicanos y fundamentalmente el Cartel de Sinaloa, por muchos años bajo el mando de Joaquín "El Chapo" Guzmán Loera.


Las bandas criminales en aquel país funcionaron como los bancos en el sistema financiero mundial durante este último tiempo. Al compartir la frontera con el mayor mercado de drogas de todo el mundo, los grupos mexicanos se convirtieron en los intermediarios obligados para que los narcotraficantes colombianos accedieran a él. No solo fueron quienes compraron y revendieron la mayor cantidad de cocaína que circulando por el mundo, sino que también se hicieron de la franquicia comercial del fentanilo de origen chino con el objetivo de revenderlo directamente en Estados Unidos y Europa Occidental y aumentar los niveles de ganancias en sus opiáceos y drogas de diseño de fabricación propia. De esa manera, buscaron afianzarse como el lugar de paso obligado y necesario para los narcotraficantes colombianos.


Al igual que las entidades financieras y como sucede con las organizaciones mafiosas italianas, los grupos criminales mexicanos no obtienen sus ganancias de la producción de drogas sino de intermediar en sus comercio.

En el año 2009, el entonces director de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (ONUDD), el italiano Antonio Maria Costa declaró en un diario austriaco que muchos bancos se salvaron durante la estafa de las hipotecas lavando dinero del narcotráfico. Según el diplomático, "hay indicios de que algunos bancos se salvaron de esa forma" del colapso provocado por la estafa financiera mundial. Desde la crisis del año 2008, el movimiento para legalizar y comercializar las drogas creció exponencialmente, pero ya no solo con sectores progresistas de la política como sucede desde la década del setenta, ahora se encuentran “batallando” junto a multimillonarios como el empresario financiero de origen húngaro George Soros, que en 1992 generó un caos económico de proporciones mundiales cuando con un conjunto de maniobras especulativas con monedas europeas llevó a la quiebra al Banco de Inglaterra y le dio a Soros una ganancia estimada de mil millones de dólares en un solo día. LIBERALISMO Y DROGAS Los debates políticos y sociales sobre qué acciones se deben poner en práctica respecto a las drogas cumplieron un siglo de antigüedad y siempre pendularon entre una guerra sin bando, en un extremo, y un mero reglamentacionismo impositivo, en el otro. Hasta no hace mucho tiempo estos planteos tuvieron a dos representantes ideológicos, sociales y económicos antagónicos pero que con el devenir del tiempo y la total autonomía que adquirió el capital respecto de los intereses de la sociedad en general, quienes antes postularon y difundieron una praxis y una doxa belicista tornaron su postura hacia un reglamentacionismo impositivo extremo.

El 5 de Febrero de 2018 en el diario La Nación el político y escritor peruano Mario Vargas Llosa escribió una columna de opinión titulada “La mejor manera de combatir la droga es legalizarla”. Uno podría realizar un recorrido histórico del pensamiento político de Vargas Llosa para intentar refutar los planteos que hizo en esa nota pero creo que para el lector seria mezquino de mi parte solo buscar desacreditar al enunciador y no al enunciado.

En primer lugar Vargas Llosa abordó su postura en base a un informe de la “Comisión Global de Políticas de Drogas” desde la comodidad de la tercera persona del singular, pero él forma parte de dicha comisión y es uno de sus fundadores. Los informes de la comisión suelen plantear que sería necesario poner en práctica campañas activas que informen los riesgos que conlleva el consumo de drogas y una amplia estructura de programas de rehabilitación para consumidores problemáticos.


Lo primero a aclarar sobre la comisión es que mantiene “grupos de observación” solo en Latinoamerica y África Occidental, pareciendo no encontrar sentido a recabar información sobre lo sucedido en Europa o Estados Unidos, regiones con los niveles más altos de consumo. En aquella publicación el escritor también se refirió -siempre haciendo alusión al mismo informe de la comisión que forma parte- que se debieran reconocer los diferentes tipos de usos que se hacen de las drogas, determinando sus particularidades entre esas personas que eligen consumir cualquiera sea el tipo de estupefacientes y sobre los cuales los gobiernos tienden a generar una visión negativamente indiscriminada sobre los consumidores, a quienes se los tiende en ciudadanos de descarte.

En sus aspectos generales, la publicación parece plantear una mirada antigua pero con un aparente marco progresista. Lo novedoso en todo ese postulado es que sectores liberales, antes marcadamente belicistas, parecieran abrazar un paradigma hasta hace muy poco tiempo solo conjugado en soledad por sectores del progresismo.


La nota de opinión desde el mismísimo primer párrafo, Vargas Llosa refiere a la preocupación que tiene y que también es compartida por los demás miembros de la comisión: “Pese a los millones de dólares gastados, la criminalización del consumo provocó un aumento vertiginoso no solo del uso de sustancias, sino también de la violencia”. Si bien la publicación transita entre vaivenes de preocupación social y humanitaria, la centralidad de la discusión se plantea sobre la resolución empresarial del fenómeno de las drogas.

Quienes forman parte de esa comisión junto con Vargas Llosa, años antes fueron grandes artífices de la política punitivista y belicista de las drogas -que persiste- y que hoy se oponen. Creo que es lógico y evolutivo que cualquier actor político cambie cualquiera de sus posturas con el paso del tiempo y ante el evidente fracaso de las mismas, pero para el caso del consumo de drogas y el narcotráfico debieran ser explícitos los motivos por el cual quienes fueron representantes del Estado y hoy forman parte del ámbito privado cambiaron su postura. Es el caso del expresidente mexicano Ernesto Zedillo, que durante su mandato, que extendió el dominio del PRI por durante más de treinta años, los carteles de droga lograron extender su dominio y control sobre la casi totalidad del Estado mexicano. ¿Cuál fue la política de Zedillo frente al fenómeno del narcotrafico? Quemar campos con cultivos de marihuana y opio. Hoy Zedillo se muestra arrepentido y se transformó en un acérrimo regulacionista.

Un militar brasileño recordó la directriz establecida en febrero de 1996 por el entonces presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, que tras crear la “Secretaría Nacional Antidrogas”, instruyó a que las fuerzas armadas entren en combate del narcotráfico en las favelas en apoyo de la Policía Federal. Para esa misma época el jefe de la policía Vicente Chelotti denunció la falta de inversiones que el gobierno de Cardoso no hacía en seguridad y prevención.


Hoy Cardoso junto a Zedillo defienden la legalización de las drogas y forman parte de la comisión junto a Vargas Llosa. También la integra Ruth Dreifuss, la expresidenta y Ministra de Asuntos Internos de Suiza, un país con un lugar central en la trama de violencia en que se hunde el narcotráfico. Suiza es el primer Estado europeo en implementar el secreto bancario. El mito capital, entiende que ese país estableció esa medida como medida de protección para el dinero de judíos perseguidos en épocas del nazismo. El mito se desvanece cuando uno recurre a la historia y se informa de las grandes protestas obreras y campesinas suizas en 1931 exigiendo un mayor control de las corporaciones bancarias en el país helvético. En la actualidad Suiza, es una de las cajas fuerte más grandes del mundo para que los corruptos y los principales actores del crimen organizado oculten una suma que supera los 3 billones de dólares y que el Estado suizo utiliza para garantizar el elevado nivel de vida que tienen sus ciudadanos.


CHICAGO, COVID Y DROGAS


La mercantilización de los delitos vinculados al crimen organizado producen a la larga el quiebre del sistema estatal en general. Por ejemplo, el sistema sanitario del estado de Illinois con su capital Chicago se encuentra quebrado no por la crisis pandémica del COVID-19, sino porque desde hace quince es el centro neurálgico de distribución de opiáceos como la heroína del Cártel de Sinaloa y ahora es una de las ciudades con mayor muertes por sobredosis de medicamentos opiáceos legales producidos por las multinacionales farmacéuticas. La crisis sanitaria en Chicago desborda de enfermedades: se registraron aumentos de casos de diabetes, obesidad e hipertensión.


Las crisis de los sistemas gubernamentales son eslabones menores de una cadena que tiene como eslabón central al propio Estado liberal, al cual conducen hacia el cadalso los mismos que lo hicieron con el Estado benefactor. El Papa Francisco, el día 8 de abril, mencionó en su discurso que “se aprovechan de las necesidades de los demás y los venden: los mafiosos, los usureros y muchos otros”. El coronavirus y los estamentos gubernamentales corrompidos son la combinación perfecta para generar las condiciones necesarias para que las organizaciones criminales avancen sobre el control efectivo y simbólico de los territorios, amplíen sus bases de influencia y se provoquen crisis de representación en torno al Estado.


Vargas Llosa en el último párrafo de su nota cita una frase del propio Milton Friedman, en la que el economista liberal hace referencia a que uno de los mayores obstáculos para enfrentar al narcotráfico proviene de que haya tantos miles de personas que viven de combatirlas. Quizás Vargas Llosa también debió citar otras frase de Friedman en relación a las drogas, como cuando sostuvo que “según su propio sistema de valores (los de Friedman) si la mayoría de la gente quiere matarse a sí mismo, tienen todo el derecho a hacerlo (en referencia al consumo de drogas)”.

Las políticas públicas que tienen la intención de encontrar una solución o mejor dicho, un cauce al fenómeno del narcotrafico y el consumo de drogas legalizadas o no, deben hacerlo en base a las realidades particulares de cada espacio jurisdiccional y deben ser políticas a largo plazo que cuenten con el apoyo de las fuerzas políticas partidarias, de las organizaciones obreras y de la sociedad civil en general. Con presupuestos reales que se dispongan con una dinámica fluida y bajo un fuerte control.


En todo este tiempo no tuvo ningún resultado válido, para la sociedad en general, la implementación de una táctica basada en el miedo, tanto para los consumidores y mucho menos para los traficantes. El resultado fue óptimo para los empresarios de armamentos, para las compañías químicas que proveen de precursores, para los bancos que lograron hacerse de los recursos líquidos del narcotráfico para financiar sus estafas y para los gobiernos de ciertos países que lograron implementar su política exterior, fundamentalmente, en países con economías débiles y funcionarios corruptos.

Debemos ser incisivos al analizar los motivos por los cuales quienes antes garantizaron los beneficios para los sectores que salieron favorecidos en la guerra contra el narcotráfico, que firmaron enormes contratos entre los Estados que representaron y las empresas con las cuales se relacionaron luego de abandonar la función pública, no solo cambiaron de opinión sino que ahora se posicionaron en las antípodas de lo que fue su postura por muchos años. Ahora plantean legalizar las drogas, certificar su calidad para garantizar la satisfacción de consumo del comprador, cargarlas de impuestos, aumentar la recaudación y así evitar el circuito aceitado pero tedioso de introducir el dinero ilegal del narcotráfico en la economía formal y legal del sistema financiero bancario.

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