Cuando comenzó nuestro interés por el fenómeno del narcotráfico nos encontramos con que existían dos posiciones muy enraizadas respecto al consumo de drogas y su comercialización. Un primer grupo identificado como los históricos prohibicionistas y punitivistas que desde principios del siglo XX plantean la compra-venta y el consumo de drogas como un problema el cual se soluciona con el encarcelamiento masivo de vendedores y consumidores. En las antípodas a este planteamiento se encuentran quienes sostienen que las drogas fueron y seguirán siendo un fenómeno social como tantos otros y que debieran tener un marco de previsibilidad y formalidad para que las drogas sean controladas por el Estado y se conviertan en un producto más de la sociedad de consumo.

A las medidas prohibicionistas se las solieron identificar muy livianamente con las posturas de derecha como a las regulacionistas con las de izquierda. Generalmente este tipo de análisis que resultó ser bastante simplista, se desarrolló sobre la errada convicción que se conformó sobre el concepto de libertad. El problema a nuestro entender se halló cuando se posicionó a la derecha en general, respecto de una concepción restrictiva de la libertad y por una transición simple al consumo de drogas. Hoy día referentes de uno y otro espacio se encontraron a favor de regularizar la producción, la venta y el consumo de drogas que fueron ilegalizadas hace ya varios años.

Desde hace mucho tiempo nos preguntamos qué posición deberíamos fijar quienes nos reconocemos de izquierda respecto de las drogas y el fenómeno del narcotráfico. Intentaremos encontrar la respuesta.

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